Los árboles son muy resistentes a las idas y venidas del clima. Pasan años creciendo en constante adaptación al entorno dónde se encuentran, sin embargo, cuando los movemos inesperadamente de sitio para trasplantarlos les cambiamos en un momento todos aquellos aspectos que los han ido formando.
Es por ello que en estas primeras etapas son más vulnerables y debemos cubrir sus necesidades básicas.
En este artículo te contamos como garantizar el correcto desarrollo del nuevo árbol de tu jardín.
La ubicación
En primer lugar, es imprescindible conocer las características de nuestro jardín y del espacio concreto dónde vamos a plantar el árbol. Cuántas horas queda expuesto a pleno Sol, qué características tiene la tierra, a qué altitud estamos, clima, proximidad al mar, etc. Son muchos los factores que juegan y que nos ayudaran a elegir la especie más adecuada.
El tamaño sí importa
Cuanto más joven sea el ejemplar escogido, más probabilidades tendrá de sobrevivir al trasplante.
Todos soñamos con un árbol ejemplar que cubra de sombra y frescor todo nuestro jardín, pero como todo lo bueno, lleva tiempo.
Plantar un árbol joven augmenta las probabilidades de éxito en su adaptación al nuevo espacio, además de resultar un trabajo más sencillo y menos costoso, y prácticamente garantiza el bienestar de sus raíces ya que no deben romperse para trasplantarlo ni han tenido que crecer espiralizadas en una maceta.
El riego
A menudo nos encontramos explicando que, aunque hayamos elegido una especie muy resistente a la sequía y esté plantada aparentemente en el sitio ideal, un trasplante es siempre una crisis para cualquier ejemplar.
Durante los primeros ciclos regaremos nuestro árbol en profundidad para que la humedad no quede únicamente en la superficie y sus raíces se desarrollen correcta y extensamente para soportar el peso que un día tendrá su copa.
En los meses de más calor aumentaremos la frecuencia y en los más fríos la distanciaremos, normalmente dejando siempre que la tierra seque por completo antes de volver a regar para evitar pudrición en la raíz.
A medida que el árbol vaya creciendo podremos ir espaciando los riegos hasta ser prácticamente inexistentes, a excepción de temporadas de sequía, ya que nuestro árbol se habrá adaptado correctamente.
Tutores y sustentación
Suele ser una buena opción colocar un buen tutor junto a nuestro árbol joven, especialmente en jardines donde suele haber corrientes fuertes.
Siempre usaremos materiales adecuados, que permitan la oscilación natural de la copa para que crezca acostumbrándose a soportar su propio peso y el tutor sirva simplemente de apoyo y guía.
Será necesario revisarlo periódicamente, controlando que no haya quedado demasiado holgado ni estrangule el tronco dejando una herida.
Seguir correctamente las pautas para que el árbol de nueva plantación se adapte correctamente a nuestro jardín nos garantizará grandes beneficios en un futuro, además de la satisfacción de haberlo visto crecer.
Si tú también quieres disfrutar de tu espacio verde y tienes dudas sobre tu árbol, no dudes en contactarnos.